Excellere Consultora Educativa



Anteayer choqué con el auto, me dí sólo un golpe, pero se arruinó la llanta... reventó el neumático y tuve que esperar más de dos horas la grúa en una calle bastante peligrosa... imaginen mi ánimo! Estaba preocupada, angustiada, enojada... era una "bolsa de quejas y de sentimientos negativos". 

Hasta que...llegó la grúa y me cambió el ánimo totalmente!


Saben porqué? 

No, no fue porque "llegó el salvador", todo lo contrario! 

El conductor de la grúa estaba molesto, sin ganas de trabajar y destilaba ira, negligencia y descortesía.


Entonces pensé: "pobre tipo, se nota que su trabajo no le gusta para nada"!! y agradecí una vez más la bendición que tengo de trabajar en lo que amo, agradecí ser maestra! 


Mientras el señor manejaba hacia el taller (de mal modo, protestando y quejándose porque quería ir a su casa y "le enchufaron este viaje"!) pensaba en cuántas veces me sentía "enojada  con la vida" y al entrar al aula me olvidaba de todo y me inspiraba en la sonrisa de mis alumnos.


Los maestros tenemos la posibilidad y hasta la obligación de sembrar alegría, porque en un clima hostil o indiferente no se puede aprender! Dichosos los que podemos disfrutar de nuestro trabajo y llenar de creatividad nuestra tarea!

Recordemos siempre que nuestras actitudes, nuestras enseñanzas y nuestros gestos impactan en la vida de nuestros alumnos!




¿De qué modo podemos agregar alegría en el aula?

¿Recuerdan algún gesto positivo de un maestro que recuerden de su época de alumnos?

¡Que disfruten este día!

Natalia

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