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¿Es realmente alarmante la eliminación de las notas 1, 2 y 3, y el establecimiento del 4 como nota más baja que impulsa el nuevo régimen académico para las escuelas primarias de la provincia de Buenos Aires?

Es cierto: borrar tres números naturales de una escala de calificación del 1 al 10 se muestra como un cambio dramático y escandaloso. Sin embargo, es bueno introducir matices.

Primero, porque no estoy tan segura de que un boletín con 1, 2 o 3 aporte tanta información sobre el potencial o los déficits de un niño. Los ingleses tiene un dicho: "Lo que no se mide, no existe". ¿Qué dejamos de medir si se eliminan las notas del 1 al 3?

Segundo, seguramente a poco de instalarse la nueva escala, el 4 pasará a equivaler a 1, y el cambio será naturalizado con la vieja lógica. Tercero, porque la letra de la resolución es en realidad una práctica de vieja data que viene exigiendo esquivar notas bajas y dejar pasar de grado a chicos que no están del todo listos. Cuarto, porque lo que escandaliza hoy es lo que muchísimos padres demandan a la escuela: no importa cómo, pero que los chicos pasen de grado.

Creo sí que el verdadero material de debate está en los fundamentos del nuevo régimen académico. Por un lado, los estrictamente pedagógico-cognitivos, que destacan un problema que el sistema escolar enfrenta, sobre todo ahora que se cuenta con grandes avances en el conocimiento del cerebro de los niños en procesos de aprendizaje: el objetivo es que los chicos aprendan, y eso no está sucediendo por múltiples razones, varias de ellas estrictamente pedagógico-cognitivas.

Los incentivos y las motivaciones son un tema complejo de la psicología del comportamiento y está pendiente la discusión de cómo impactan las notas en la motivación para el aprendizaje. Por eso, esos fundamentos teóricos merecen un debate de calidad libre de intencionalidades políticas.

Pero entonces, ¿dónde está lo realmente grave de la resolución? Por un lado, en la brecha enorme entre teoría y práctica. Buenos Aires tiene problemas educativos serios. No habrá acompañamiento pedagógico que valga, por más que lo consagre el nuevo régimen académico, si se pierden 19 días de clase como sucedió este año.

Pero creo que el aspecto más preocupante de la nueva reglamentación pasa por otro de sus fundamentos, el que insiste en la ratificación acrítica de un conjunto de creencias que se ha mostrado inefectivo para mejorar la calidad educativa y sumar chicos al sistema: la inclusión a toda costa.

Por el camino contrario, con el discurso de la excelencia académica, Chile, por ejemplo, aumentó la cantidad de jóvenes de 20 años de bajos recursos con título secundario en 23,7 puntos porcentuales de 2000 a 2010; hoy, el 72% de los veinteañeros pobres tiene título. Mientras, en la Argentina, por la vía de la falacia de la inclusión, el porcentaje de chicos pobres con título secundario a 2010 era del 48%, apenas 13 puntos porcentuales más que en 2000. Quizás llegó la hora de recuperar políticas que les hablen a los chicos y los padres de "excelencia", "calidad" y "exigencia"..

Por Luciana Vázquez |  Para LA NACION

Twitter: @vazquezluciana 

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Comentario de Luis Carkis Fliguer R el septiembre 30, 2014 a las 11:45am

Creo que a la nota de 4 o de 7 se le ha dado demasiado trascendencia, recuerdo cuando era alumno como me enojaba cuando los profesores decian " la nota es un accidente en la vida del alumno". Lo convencional es que si el docente siente que debe colocar un 4 y la ordenanza dice 4 ahora es 7, lo hara con toda capacidad intelectual.

En Cuanto al titulo, , excelencia, calidad y exigencia, lo puede haceer a su libre albedrio el docente en cada acto propio, y porque no, los padres y los alumnos podrian ser invitados a colaborar en esos tre spuntos, si la escuela la queremos hacer, como debe ser, entre todos

Comentario de Mariela Bohórquez Ortiz el septiembre 22, 2014 a las 6:11pm

A la hora de "Construir el conocimiento" realmente importa tanto la nota?

Comentario de socorro guadalupe lopez becerra el septiembre 14, 2014 a las 2:45pm

Es importante que como maestros estemos conscientes que las cifras de fracaso escolar en muchas ocasiones no es por el maestro,sólo pensar en calificar con honestidad al chico sería lo mejor ya sea empezando del 4 ó del 5 que ya se tomaría como reprobatoria,no aceptable.

tenemos muchos chicos con problemas en casa y su entorno que de lo último que piensa es en sus calificaciones.Es por eso que debemos estar conscientes que si llevan un 6 es merecido y no regalado para que el niño no repruebe y las estadísticas sigan en un gran error. 

Comentario de José Luis Rasente el septiembre 14, 2014 a las 10:37am

Una respuesta necesaria a la autora de la nota.

Coincido plenamente con el título de la nota. Luego en general con el desarrollo de la misma, no obstante la considero reduccionista en cuanto que lo alarmante sea la eliminación de las notas, esto es solamente un mínima expresión de lo alarmante que es No poseer un Proyecto Nacional Educativo, enmarcado en algo más alarmante de lo cuál carecemos Un Proyecto Nacional de País.

 

Como es costumbre en las políticas llevadas a cabo por la partidocracia, (sea cual sea su color), sirven solamente para el Disciplinamiento de las provincias, ergo, la economía de las mismas. Así el “Consejo Federal de Educación”, que teniendo en cuenta sus objetivos, ha demostrado ampliamente y sin mucho esfuerzo su “inservilidad”.


Nuestro Sistema Educativo, cabalga en una anarquía absoluta en cuanto a diferencias de contenidos curriculares, extensión de los niveles, sueldos docentes, evaluación de Calidad educativa. Así tenemos provincias que hacen caso omiso al espíritu laico de la educación, de rango constitucional y la educación religiosa romana es obligatoria y evaluable, Salta. Sin temor a equivocarme el país es una sumatoria deSistemas Educativos “a la carta”, sin cohesión alguna.


Luego y más preocupante todavía el divorcio, la disociación, entre los niveles del mismo sistema, primaria nada que ver con las necesidades del nivel medio y este mucho menos con los niveles terciarios y universitarios, y todo juntos con la Cultura del Trabajo, que por estos días es casi una utopía, solo sirve para los discursos vaciados de contenidos de la casta partidocrática y gremial, (estos últimos no todos, pero con solo escuchar o leer a Yasky, ya está aplazada la calidad educativa).


Resumiendo: careciendo de Proyecto de País es imposible tener un “Proyecto Educativo Nacional” coherente y de calidad.


Esto para mí, estimada es lo alarmante que incluye lo por usted aportado. 

Lic. José Luis Rasente

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