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¿Me siguen? o ... ¿De qué color era el caballo blanco de San Martín? Por Lic. Jorge Apel


El objetivo de este editorial es detenernos a pensar las preguntas que formulan los docentes: ¿Qué significado tienen? ¿Cómo las construyen?
Las respuestas de los alumnos…¿dependen solamente de la capacidad, inteligencia o preparación que tienen? Los silencios, ¿dependen solamente de la ignorancia?

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a) Preguntas sin respuestas.

Una gran cantidad de preguntas tienen que ver con el sostén de la actividad. Con ellas averiguamos si los alumnos están atentos, conectados, nos "prestan" su atención.

Pueden ser del estilo ¿Me siguen?, ¿Estamos? o similares. Preguntas que no esperan respuesta.

Menuda sorpresa nos llevaríamos ante un:-No profesor, no lo sigo.

La función de sostén de estas preguntas pueden ser llevadas a cabo por preguntas tautológicas: la respuesta está en la misma pregunta… Es que lo que se pretende no es evaluación del aprendizaje o de la enseñanza, sino mantener la atención.[1]


b) Preguntas y respuestas.

El docente conoce la mayor parte de las preguntas que formula. Es más, creo que algunos docentes se cuestionarían la legitimidad de formular preguntas abiertas cuyas respuestas sean construidas por el grupo que esta estudiando un problema (en este sentido el grupo incluye al docente).

Es muy interesante prestar atención al tiempo que estamos dispuestos a esperar para que los alumnos den… ¿una respuesta?; ¿la respuesta?; ¿respuestas? ¿respuestas en forma de nuevas preguntas?[2]

Esta auto observación no es un juego inocente. Supone cierto compromiso con el pensar del alumno en término de develar incógnitas, construir alternativas o de encontrar lo que está predeterminado en la mente del profesor.


c) Callados y en silencio

¿Que ocurre con los silenciosos? Es muy frecuente que un grupo de alumnos tenga un par de voceros. Son los que más saben, o más se arriesgan, o no tienen temor a equivocarse.

Los docentes muy frecuentemente dejamos de hacer preguntas desalentados por la falta de respuestas de los otros que son la mayoría.

Frente a esto, dos observaciones: muchos son los alumnos que contestan la pregunta, pero pocos los que se atreven a hablar. Sin embargo, las preguntas y el diálogo abierto entre el que contesta y el docente le es muy útil al silencioso para repensar la propia respuesta, para ubicarse en el problema.

Otra cuestión importante es poder sostener el silencio.

Prefiero transcribir un párrafo de Bateman[3]

“De modo que Ud. es lo suficientemente capaz de intentar dar una clase enseñando por medio de la indagación. (…) Plantea el problema. Espera la respuesta. Tres segundos más tarde comienza a entrar en pánico. Sus manos transpiran. La clase lo mira en silencio.

Cálmese los alumnos necesitan tiempo para pensar. Necesitan tiempo para digerir la idea en la que usted quiere que piensen. Necesitan tiempo para imaginarse lo que la pregunta significaba y si se animan a exponerse al ridículo.

Espere.

Sonría. Ni siquiera mire el reloj de reojo.

Mire fijamente en forma expectante a uno o dos alumnos de los que usted habitualmente sabe que están listos. Codéelos un poco con su sonrisa.

Espere. No diga una palabra

Sonría. No diga una palabra.

Sonría expectante.

Espere. En dos o tres horas alguien ofrecerá una respuesta tentativa. Si usted pudiera echar una mirada al reloj, se daría cuenta de que estas dos horas fueron en realidad unos cuarenta segundos”


Bueno, esto es todo lo que les quería decir por el momento. Pero los veo muy silenciosos ¿Ustedes… me siguen?

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[1] Ph. Jackson (Prácticas de la enseñanza, Amorrortu 2000) las describe muy precisamente en el capítulo 3 como una manera de eliminar la incertidumbre.

[2] En Shulman J.; Lotan R.; Whitcomb J (1999), Guía para orientar el trabajo en grupo con diversidad en el aula; Amorrortu, encontramos una interesante lista con 10 tipos de preguntas diferentes.

[3] Bateman W.;2000; Alumnos curiosos; Editorial Gedisa. Pág. 211

Fuente: Sección: Editoriales - Asesoría Pedagógica de la Facultad de Farmacia y Bioquímica -UBA

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