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FAMILIAS: UNA MIRADA HISTÓRICA- ANTROPOLÓGICA

 

                      

 

FAMILIAS: UNA MIRADA HISTÓRICA- ANTROPOLÓGICA

 

Lic. Mirta De Andreis

 

 

 

“Dar el gigantesco paso de apartarse de la concepción de la Naturaleza Humana unitaria significa, en lo que se refiere al estudio del hombre, abandonar el Edén”

 

                                                                                     Clifford Geertz

 

 

 

Comenzado el siglo XXI, hablar de “ciencia”, es hablar de complejidad y en el terreno de las “ciencias sociales” es poder comprender más ordenada e inteligiblemente el concepto de cultura y ser humano.

 

Afirma C. Geertz: “Dar el gigantesco paso de apartarse de la concepción de la Naturaleza Humana unitaria significa, en lo que se refiere al estudio del hombre, abandonar el Edén”. (Geertz, Clifford, 1997).

 

Siguiendo el abordaje antropológico de Geertz, entendemos por cultura los mecanismos de control...que gobiernan la conducta”.

Con esta concepción de cultura, entendida como una serie de dispositivos simbólicos capaces de controlar las conductas, sostenemos que por la cultura, el ser humano, en vinculación permanente con “otros” llega a ser “persona”.

De esta manera el individuo llega a ser persona guiado por los esquemas culturales, significantes y específicos y en un momento histórico determinado.

 

Lejos de esta forma, del paradigma que en un momento proclamó que lo “humano” podía ser definido por la “reproducción” coincido con la perspectiva antropológica que considera que el “matrimonio” y el “sexo” forman parte de una cadena de “prácticas significantes” que adoptan a lo largo de la historia diferentes formas. Este escrito pretende reflexionar, con mirada crítica, sobre las normas construidas socialmente y que han definido y definen lo que “debe” entenderse por “paternidad”  y analizar los cambios actuales que atraviesan las familias modificando roles tradicionales.

El  material bibliográfico y la experiencia profesional del trabajo con familias, me permiten arribar a ciertas conceptualizaciones y verificaciones para seguir en la atención clínica modificando abordajes de diagnostico y tratamiento.

 

 

 

“En el primer estadio de la evolución dominan, únicas, las leyes de la biología, pero en una segunda etapa, cerebro, mano y órganos vocales se articularán en el despliegue de una nueva realidad, surgida con el hombre: la de la vida social, el trabajo y la comunicación simbólica” (Lischetti, Mirtha 1998).

 

 

 

 

Al surgir la dimensión social, el ser humano crea una instancia entre él y la naturaleza, para adaptarse a ella transformándola. De esta forma la dimensión social será la condición de su supervivencia biológica.

 

Así, cada sujeto aprende a ser “humano”, viviendo en sociedad con los “otros” y asimilando lo que la humanidad alcanzó en su desarrollo histórico (desarrollo filogenético). Cada ser humano “se” modifica a sí mismo y a los demás en un proceso creativo de relaciones sociales y produce formas de vida singulares, valores, normas, conocimientos y practicas cotidianas.

 

“En las últimas décadas, se produce un avance significativo en las investigaciones sobre neurofisiología del sistema nervioso superior. Estas investigaciones muestran que las localizaciones de las funciones psíquicas no son centros cerebrales innatos y fijados de antemano, sino que se caracterizan por su dinamismo. El cerebro es pensado como un sistema autorregulador complejo....pero lo que interesa señalar es que tales sistemas no están preformados desde el nacimiento, sino que se constituyen en el curso de la vida en sociedad de cada sujeto....El medio socio cultural (fuente del psiquismo) no es captado por el sujeto de manera directa, sino a través de la intermediación humana. La cultura le es transmitida por otros hombres en el marco de las relaciones que establece con ellos desde su nacimiento” (Lischetti)

 

La mirada antropológica de los vínculos familiares

 

La antropología ha estudiado exhaustivamente las relaciones de parentesco y puso en evidencia, con las últimas investigaciones hechas, que estas relaciones son reglas construidas socialmente, que definen las maneras que adopta el matrimonio y la filiación.

 

“Si bien ciertos autores como Leakey y Lewin (1980) creen que la familia conyugal nació recién como consecuencia de la revolución agrícola,” cuesta aceptar que el homo sapiens sapiens, en su etapa de cazador-recolector, organizado en grupos de no más de cincuenta miembros, haya tenido otra forma de estructura familiar o que haya carecido de ella...” (Maffei)

 

Según Maffei, la organización familiar primitiva, tiene que haber tenido forma monogámica por razones que llama “aritméticas” y de necesidades adaptativas.

Con respecto a la adaptación, el antropólogo Issac[1] también sostiene que el compartir la comida en familia, ha traído como principal consecuencia la supervivencia de la especie.

Sobre este punto existe entre los antropólogos cierto consenso en cuanto que la primera división del trabajo es sexual: hembras recolectoras de frutos y raíces y varones adultos recolectores de carroña primero y cazadores de animales más grandes en un momento más avanzado del proceso de hominización.

Como vemos los aspectos sociales de la organización primitiva, son reafirmados con mucho énfasis por la mayoría de los investigadores.

Por supuesto al referirnos a la familia, hablamos según Maffei, del homo sapiens sapiens: “dado que lo natural-instintivo no basta para explicar su existencia”

 

Veyne utiliza el término parentesco, como sinónimo de familia y dice que es un “fenómeno cultural”

 

Considerando que el ser humano, es la única especie animal que trasciende el ámbito de lo biológico por medio de la cultura, el enfoque bio-psico-social, es el que posee mayor fundamentación científica, para comprender diferentes aspectos de la familia.[2]

 

 

 

Dominio del varón

 

Parece lógico como explicación, que en los tiempos primitivos la constitución física propia del varón, le permitiera enfrentar los múltiples peligros externos y dedicarse a la caza de animales grandes, mientras que la mujer dedicara mayor cantidad de tiempo a criar y cuidar a los niños.

 

Más adelante con el descubrimiento de la agricultura, también debió el varón ser el más apto para luchar contra otros grupos humanos y defender el espacio, mientras la mujer dedicaba mayor tiempo a la crianza de los niños y tareas domésticas.

 

“Esta modalidad de distribuir las tareas familiares, como ya lo hemos manifestado, puede considerarse una invariante histórica...”(Maffei)

Siguiendo a este autor: “Lo que no resulta tan fácil de ceer es que la mujer haya jugado un papel tan protagónico, como el supuesto por Mellaart, en alguna etapa histórica anterior a la nuestra, pues todo el resto de datos con el que contamos, y aquellos que todavía siguen surgiendo de la investigación histórica, hacen pensar exactamente lo contrario”.

El dominio masculino parece ser evidente en los distintos períodos históricos.

En la cultura greco-romana, el sometimiento femenino, era un rasgo sobresaliente.

Hasta hace poco tiempo, todas las sociedades humanas, eran patriarcales.

Según Flaquer[3]los varones tendieron a dedicarse a la producción de alimentos y a la protección del grupo social y las mujeres se consagraron casi exclusivamente a la reproducción.

 

“De la antigüedad a nuestros días, la debilidad de las informaciones concretas y circunstanciales contrasta con la sobreabundancia de las imágenes y los discursos. A las mujeres se las representa antes de describirlas o hablar de ellas, y, mucho antes de que ellas mismas hablen. Incluso es posible que la profusión de imágenes sea proporcional a su retiro efectivo. Las diosas pueblan el Olimpo de ciudades sin ciudadanas; la Virgen reina en altares donde ofician sacerdotes, Marianne encarna a la República Francesa, cuestión viril. Todo lo inunda la mujer imaginada, imaginaria, incluso fantasmal.” ( Duby, Georges y Perrot, Michelle, 1993)

 

El Padre

 

Una de las características principales de la constitución de las familias humanas, ha sido la presencia del padre. Por lo menos hasta hace muy poco, ya que últimamente, asistimos al crecimiento del número de  familias monoparentales, con la figura de la madre sola con su/sus hijos.

 

Desde la estructura del Patriarcado[4] la presencia del padre en la familia, otorga legitimidad a los hijos, ya que según Flaquer, teniendo un padre, éstos disponían de un lugar en la sociedad. Estas familias tradicionales antiguas cumplían múltiples funciones, como ser educación, producción de bienes, cuidado de los enfermos, etc.

 

La mujer se desenvolvía en el ámbito doméstico, subordinada al varón.

“Tal situación de minusvalía llegaba hasta el extremo de que “en algunos sitios era impropio que la esposa del granjero diera órdenes a los peones hombres...una curiosa idea precapitalista según la cual la autoridad sexual era más alta que la autoridad económica. (Shorter, 1984)

 

En este contexto de discursos de varones y silencios de mujeres, durante muchos siglos, transcurrió la vida cotidiana de las familias. El padre sabía todo lo que era necesario saber, como se lo habían enseñado a él y como él lo transmitía a sus hijos.

La Historia era escrita por hombres.”...escritura...oficio de hombres que escriben la historia de hombres, que se presenta como universal...” ( Duby, Perrot)

 

 

 

 

 

Hasta que adviene la Modernidad y con ella un proceso de resignificación del sujeto individual. El sujeto “autónomo” comienza a surgir. Este proceso se inicia en Occidente y se va extendiendo a casi la totalidad del mundo. El Progreso será el motor de este nuevo momento histórico. Se fortalecen las instituciones que mantendrán el orden social, fundamentalmente la familia, la escuela y el trabajo. La familia tradicional se ve obligada a transformarse y a adoptar nuevas formas de funcionamiento. Un largo proceso de cambios sociales y políticos, producirán contradicciones, idas y vueltas en los roles de los miembros del grupo familiar. Se  producen en los diferentes órdenes de la vida social, adaptaciones, logros y retrocesos en los que tanto varones como mujeres ganan y pierden.

El padre pierde la autoridad que le otorgaba ser propietario de la tierra, por ejemplo, y su influencia ya no es decisiva en el “arreglo del matrimonio” de sus hijos/as.

Una nueva concepción del matrimonio basada en una opción personal, permite el surgimiento de los afectos individuales y la elección personal.

 

Los hijos ya no representan una inversión, ocupando un espacio en los sentimientos de los padres.

 

Es interesante y sumamente ilustrador, la descripción que hace Ivonne Knibiehler, en el capítulo “Cuerpos y corazones”, en Historia de las mujeres, Tomo 8, (Dubuy, Perrot) cuando relata la relación entre padres e hijas:

 

“                     Es probable que a comienzos del siglo XIX, haya habido una suerte de idilio entre padres e hijas. Entonces, los hombres se dejan conmover por la fragilidad de la niña-mujer, y también por su delicadeza, su docilidad, su afecto expansivo y desarmante. Todo,  por otra parte, lleva a la niñita a buscar la estima y el favor del amo de casa...Pero muy pronto, absorbidos por sus asuntos los padres del siglo XIX irán teniendo cada vez menos tiempo...tienden entonces a subordinar a sus hijas, más dóciles que los hijos varones, a sus propios objetivos.”

 

Pero desde fines del siglo XIX, la industrialización, el ingreso de las mujeres al espacio público, los cambios en la urbanización y la extensión de los movimientos feministas a nivel mundial, van produciendo cambios en las relaciones de poder entre géneros y la división sexual del trabajo. Las funciones clásicas del padre también comienzan a cambiar.

 

El hombre ya no es el único responsable y proveedor de la familia, la mujer comparte con él esta tarea.

Una mujer que está capacitada intelectualmente y puede competir profesionalmente en el espacio público, con varones.

Esta mujer que va surgiendo, va ganando espacios nuevos, pero no renuncia, o no puede renunciar, a su espacio de poder privado, doméstico, y seguirá realizando todo lo concerniente al ámbito privado, ocupándose así, en doble jornada, de cumplir con el mandato familiar tradicional de ser una buena madre y esposa, y ocupándose de su trabajo fuera de su casa.

 

Eva Giberti habla del concepto social de “la muerte del padre” de la siguiente manera: “El acento colocado sobre el padre ausente y sobre el padre pasivo inevitablemente influirá de modo negativo...todavía no se concebía pedirle al padre que se ocupara de ambas tareas, y si el varón se arriesgaba, su actuación imitaba los procedimientos maternos”.

 

Frente al conjunto de  cambios y transformaciones familiares nos preguntamos por el lugar del padre. Estos cambios, muy acelerados en la actualidad, van surgiendo en el contexto en el que nosotros somos actores protagonistas de alguna u otra forma, por lo tanto, llegamos a un punto en el análisis, que presenta dificultades de discernimiento entre los verdaderos cambios e “ilusiones ópticas”.Estas últimas, según Maffei, están influenciadas por miedos o prejuicios.

 

“En este orden de ideas también podríamos considerar como otra ilusión óptica, a la presunta co-relación entre liberación femenina y crisis familiar. Aquí el peligro reside en adoptar un criterio analógico capaz de llevarnos a vincular en una relación de causa-efecto, hechos que no pasan de ser coetáneos”[5] .

 

Los papeles del padre y de la madre, son semejantes en el mundo del trabajo, pero siguen siendo, todavía en muchos casos, desiguales en tiempo y esfuerzo, dentro del hogar y en el cuidado de los niños.

 

En la experiencia clínica, con niños y familias[6], un alto porcentaje de padres no concurren a las entrevistas o no se muestran demasiado comprometidos con las dificultades de sus hijos.

 

Por supuesto no se puede hablar de paternidad sino de paternidades, que tienen que ver con el contexto social histórico actual y la historia personal-familiar.

 

Desde la práctica profesional se observa claramente signos que la transición y las  nuevas “subjetividades”  masculinas y femeninas en cuanto a los roles que desempeñan en las familias. Los varones están transitando  un camino nuevo, un camino que da espacio a la ternura en los vínculos y que puede compartir algunos trabajos domésticos, no como imitadores sino imprimiendo su sello personal. Un varón, que cuida y se divierte con sus hijos.

La cultura está diciendo, que ya no existen ocupaciones tajantemente divididas entre varones y mujeres y entre padres y madres.

 

En los  procesos de socialización cultural, se encuentran los mandatos, presiones y significaciones de lo que deben ser y hacer varones y mujeres, en cada momento de la historia de la humanidad.

 

La realidad cotidiana, esta cambiando estos mandatos tradicionales.Muestra que muchos de ellos,  son inadecuados a las nuevas formas de vivir. La individualidad del sujeto, con autonomía familiar, también lleva al surgimiento de una mayor solidaridad y cooperación. Esto en la cotidianeidad familiar permite a sus miembros, desplegar su personalidad y disfrutar sin prejuicios de lo privado y de lo público.

 

Desnaturalizar los roles rígidos, definidos desde su origen biológico, permite modificar la historia y encontrar alternativas nuevas.

 

 

 

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA GENERAL

 

 

Geertz, Clifford: “La interpretación de las culturas”, Gedisa, Barcelona, 1997.

 

 

Lischetti, Mirtha (comp...): “Antropología”, Eudeba, Buenos Aires, 1998.

 

 

Maffei, Julio: “Familia, Filogenia e Historia”. Material de lectura entregado por la cátedra- 1999.

 

 

Flaquer, Luis: “El destino de la Familia”, Ed.Ariel, Barcelona, 1998.

 

 

Dubuy, G.Y. Perrot, M. “Historia de las Mujeres” Tomo 1 a 10.Ed.Taurus, Buenos Aires, 1993.

 

 

Giberti, Eva: “Escuela para Padres” Revista N°.15. Página 12, 2000.

 

 

Maffei, Julio: “Manual de Psicología evolutiva”, CAEPE-Docencia, Buenos Aires, 1995.

 

 

Prost, A. “La familia y el individuo” en Aries y Duby”: Historia de la vida privada” T.9, Taurus, Madrid, 1989.

 

 

 

 



[1] Lischetti, M. En O. Cit. Hace referencia a un grupo de antropólogos que sostienen la importancia que debió tener la solidaridad intragrupal .Las madres son las primeras en compartir el alimento con sus hijos, y en obtener alimentos estables que recolectaban, y la carne que traían los varones adultos de sus cazas, era compartida con las mujeres y los hijos.

[2] Levy-Strauss, citado por Maffei, considera que la sociedad debe “reconocer” de alguna forma, a la familia, ya que ésta representa a nivel social, los requisitos naturales sin los cuales no existiría la sociedad, ni la humanidad.

[3] Flaquer, Luis:” El destino de la Familia”, Ed. Ariel, Barcelona, 1998.

[4] Maffei en Op. Cit. Citando a Shorter (1984) ubica a la Familia Patriarcal en el período comprendido entre la Reforma-Contrarreforma y la Revolución Industrial.

.

[5] Maffei, Julio, Op.Cit.

[6] Familias clase media-alta atendidos en forma privada y familias clase media-baja atendidas en forma institucional, en los Partidos de San Martín y Tres de Febrero.

                                                    

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