Excellere Consultora Educativa

Los datos duros son implacables y  nos revelan que  a México se le ubica en el referente mundial, como uno de los peores países posicionados por la OCDE. Ello con base a los resultados de la evaluación PISA, que mide el rango de conocimientos y habilidades de los alumnos de 15 años de edad. Por eso, según el Reporte de Competitividad Global, México quedó en el lugar 107 en cuanto a la calidad de su sistema educativo, de un total de 142 países— sólo por debajo de Siria, Uganda, Irán, y Bolivia.

Sin embargo,  en un ejercicio de incomprensible lógica, insistimos en que la solución es aplicar fórmulas que en otras latitudes del planeta fueron aplicadas con éxito rotundo; acostumbrados como estamos a tropezar con la misma piedra, nuestro curva de aprendizaje no alcanza para demostrarnos que esa terquedad nos llevará inevitablemente al abismo, aun sabiendo de antemano, que quienes hoy nos imponen la “receta milagrosa”; no estarán ahí para ayudarnos a paliar las duras consecuencias de tan inminente y anunciado fracaso.

El enorme rezago educativo, los altos niveles deserción escolar, la pésima calidad educativa,  la manifiesta inequidad en la dotación de recursos e infraestructura características en las  zonas urbanas con respecto a las rurales, las políticas educativas tan añejas como equivocadas, el excesivo burocratismo y a corrupción, que como un cáncer letal y sin remedio, crece en las esferas gobernadas y dominadas por las autoridades oficiales y sindicales. Todo apunta en el sentido que modificar un sistema ineficaz, agotado e inoperante; representa hoy en dia  el duro ejercicio de la autocrítica que ha de transitar, en primera instancia, por la difícil prueba del reconocimiento de la acción fallida y de la respuesta tardía; la cabal aceptación del tiempo perdido y de la insuficiente capacidad de respuesta, como resultado de acariciar la gloria que ahora viven las naciones que como Filandia, representan el ejemplo del niño más aplicado y de la idealidad.

Al final, un espejismo, el desengaño y la violenta, pero necesaria sacudida de la realidad. Los castillos en el aire, se han de derrumbar, como las cosas que por su propio peso deben caer.

La educación  elemento vital y estratégico  de toda nación que pretenda progresar de a de veras,  en México está al límite, no admite ya,  margen de error, irónicamente la curva de experiencia y de aprendizaje, no está presente en la razón y proporción que corresponde a una amplia presencia histórica de la educación en México. Los resultados así lo demuestran, no obstante, nuestra capacidad de respuesta dista mucho de ser la indicada para contrarrestar esta problemática.

Es tiempo ya de rectificar el camino, de reconocer errores y  de actuar, la sociedad en su conjunto que hoy es la afectada puede y debe beneficiarse de un cambio radical en la política educativa, un cambio democrático  e incluyente que verdaderamente considere a todos los actores del quehacer educativo, que mire hacia dentro, construir a través de la propuesta del colectivo social, abona a nuestros fines,  los tiempos de apuesta a la  división en nada contribuye a la mejora educativa, deben modificarse actitudes como la innecesaria y en ocasiones artera  crítica que en ciertos medios se hace de la educación  y de sus protagonistas, debe ser ya parte del pasado; se impone construir, proponer, proyectar y ejecutar acciones efectivas tendientes al logro de esas mejoras.

Los nuevos límites, habrán de ser los que nosotros fijemos, por nuestra entera conveniencia, no porque nos lo sugieren, no porque nos los imponen, el tan gastado eslogan “educar es una tarea de todos”,  debe convertirse ya,  en una realidad, la de hoy, la que todos queremos, la que haga posible apostar y potenciar esa apuesta a lo que tenemos y a lo que somos, no podemos hacer resurgir lo concreto de una esencia o naturaleza abstracta. México es México y nada ni nadie lo cambia. La esencia de nuestra educación no puede ni debe desligarse de nuestra esencia a riesgo del fracaso perpetuo. Cambiar las buenas intenciones, por buenas e inteligentes acciones es el camino, repensar, desaprender lo mal aprendido y reinventarnos,  la única ruta factible.

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