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La evaluación estandarizada y sus principales limitaciones.

México La evaluación estandarizada y sus principales limitaciones

No es una casualidad que los resultados registrados por estudiantes mexicanos en las 4 pruebas de medición (que no de valoración) (EXCALE, ENLACE PISA y CENEVAL) coincidan en que una cantidad importante de estudiantes en México no están asimilando las competencias mínimas que se requieren para adquirir los desempeños que el sistema educativo les impone.
Por otro lado debemos reconocer el hecho de que ningún estándar puede cubrir todas y cada una de las necesidades que la gran diversidad de aplicaciones y contextos educativos exigen. Más bien ahora se considera que estas especificaciones son un marco general de interoperabilidad que proporcionan un margen de adaptación a las necesidades concretas de cada dominio o aplicación.
Por ejemplo; para evaluar los aprendizajes se utilizan 4 tipos de evaluación:

1). La evaluación diseñada por la SEP, la Evaluación Nacional del Logro Académico en Centros Escolares, comúnmente denominada como la prueba ENLACE.
2). La que desarrolló el Instituto Nacional de Evaluación Educativa (INEE), que es la Evaluación de Calidad y Logro Educativo. (EXCALE).
3). La Evaluación PISA , que significa Programa para la Evaluación Internacional de los alumnos; formulada por la OCDE.
4). El Examen Nacional de Ingreso a la Educación Media Superior y Superior (EXANI I-II), del CENEVAL Centro Nacional de Ingreso a la Educación Superior.
Cabe la mención de que por cantidad y tipo de evaluaciones no queda; sin embargo los criterios, principales indicadores y estándares utilizados para la medición de los aprendizajes y competencias de los estudiantes parten de referencias universales y su esencia proviene de sistemas educativos que se aplican en naciones industrializadas y de alto desarrollo.
El mayor inconveniente es el hecho de que por igual se aplican en sectores sociales rurales como en áreas urbanas y los miden en general con el mismo rasero. Tampoco distinguen alumnos provenientes de los tradicionales modelos educación estandarizada y de los que requieren de educación especial e inclusiva.
Un hecho evidente de desventaja para nuestros sistemas escolares, resulta de la indiscriminada e irracional utilización de indicadores y parámetros de evaluación, importados y de nula viabilidad en sistemas tan deficientes y vulnerables desde la base, como son la mayor parte de los sistemas educativos Latinoamericanos, excepción hecha de Cuba, cuya influencia comunista en su momento mucho coadyuvó a su mejora.
Una solución sin duda, sería replantear la estrategia e incentivar la labor coordinada de docentes, administradores y directivos, orientada a las concepción, diseño y aplicación de indicadores eficaces para generar aprendizajes alineados a evaluaciones, realistas y menos ambiciosas; cuyos alcances y objetivos sean susceptibles de mejora gradual y sistemática.
Todo lo anterior tomando en cuenta la realidad contextual y socioeconómica de los educandos. Esto es incorporar a las normas y parámetros de medición los componentes regionales que incorporen a los aprendizajes las problemáticas y requerimientos educativos de esas comunidades.
Por ejemplo educar una etnia de una población apartada, con una lengua nativa propia, con pobreza y marginación evidente, etc., tal situación le representa al educador y su escuela un desafío particular, en el que evidentemente la educación estandarizada; simplemente no funciona.
Así también, en el caso de alumnos con capacidades diferentes o estudiantes que son discriminados por sus preferencias, sujetos de “bullying”, o distintas situaciones como las que ejemplifica el CONAPRED (Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación).
Obtener la calidad educativa esperada, en la práctica tiene implicaciones multifactoriales; en realidad los mejores sistemas educativos del mundo, no están exentos de pifias o de factores adversos que aseguren un éxito perenne.
El currículo diseñado regionalmente debe alinearse con las estrategias y los planes educativos hasta llegar hasta su instrumentación y aplicación en las aulas.
Los indicadores de desempeño deben ser menos ambiciosos pero prácticos y aplicables, tampoco caer en el extremo como ahora ocurre, de decretar la aprobación a ultranza sin responsabilizarnos de sus nocivos efectos que tendrán en el mediano y largo plazos.

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